2.2. Movimientos literarios.

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(Del siglo V a.C. al V d.C.) Se produjo en la antigua Grecia y en el Imperio Romano. Se caracteriza por sentar las bases de la literatura, con perfecta armonía y equilibrio entre el fondo y la forma. Obras ejemplares: La Ilíada y La Odisea de Homero, La Eneida de Virgilio y Edipo Rey de Sófocles.

(Del siglo V al XV) Se produjo en Europa, en los principales reinos. No tuvo continuidad con el clasicismo; en ella predominaron temas propios de la Edad Media, como la religión, Dios y los grandes héroes caballerescos y los reyes. Obras ejemplares: El cantar de los NibelungosLa canción de Roldán y el Mío Cid, todos ellos anónimos, y el Libro de buen amor, del Arcipestre de Hita.

(XV-XVI) La exaltación de la individualidad hace que surjan grandes genios en el arte —Dante, Petrarca, Bocaccio– que representaban los cánones del clasicismo y que brillan en el firmamento de las artes de manera individual sin constituir escuelas propiamente dichas. Es una lenta y profunda transformación de los valores de la cultura que se inició en Italia y se propagó por toda Europa. Surgen como cultivadores de las letras humanas en oposición a las divinas (Sagradas Escrituras y obras de los Santos Padres), que habían sido casi exclusivas de la Edad Media. Obras ejemplares: La divina comedia de Dante y El decamerón de Bocaccio.

(XVII) Fue una extensión del Renacimiento, que tuvo particular auge en España. Continuó la línea natural del clasicismo, aunque empezó a incluir formas literarias más complejas. Hubo dos escuelas literarias durante el barroquismo: el culteranismo y el conceptismo. El primero surgió con Luis de Góngora, con una tendencia por un arte poético refinado, rico en imágenes, metáforas, cultismos y alusiones mitológicas. El conceptismo surgió en la misma época con Francisco de Quevedo y Villegas, con la tendencia a una utilización de conceptos más profundos, alambicados y oscuridad en la prosa. Obras ejemplares: El buscón de Quevedo, Fábula de Polifemo y Galatea de Góngora y Gargantúa y Pantagruel de François Rabelais.

(XVIII) Representa una vuelta atrás a los valores clásicos grecolatinos, como reacción de los excesos del barroquismo. Esta escuela buscó imitar la serenidad, el equilibrio y la mesura del clasicismo. Surgió en Francia, y tuvo poco éxito en otras partes del mundo, aunque sí tuvo sus seguidores, principalmente en España y América. Obras ejemplares: Andrómaca de Racine, Tartufo de Moliere, El sí de las niñas de Fernández de Moratín y Rusticatio Mexicana de Rafael Landívar.

(XIX, primera mitad) Surge como reacción a la frialdad del neoclasicismo. En el romanticismo predomina la imaginación y el sentimiento del autor. Reivindica los valores éticos, religiosos y nacionales. En él predominan la imaginación y el sentimiento. Obras ejemplares: Werther de Goethe, Don Álvaro o la fuerza del sino del Duque de Rivas.

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